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Cuánto cuesta un software a la medida

Es la primera pregunta de toda llamada y casi siempre la última en contestarse. Aquí va el rango real, qué estás comprando además del código, y en qué casos un desarrollo a la medida no te conviene.

Mario Velázquez10 de septiembre de 202611 min

Es la primera pregunta de toda llamada y casi siempre la última en contestarse: ¿cuánto cuesta mandar a hacer un software?

La respuesta honesta incomoda un poco, así que la ponemos antes que nada.

La respuesta corta

En Avanzia, un desarrollo a la medida arranca en $60,000 MXN y la mayoría de los proyectos cae entre $60,000 y $100,000 MXN. El mantenimiento posterior es variable según el alcance y empieza en $15,000 MXN al mes.

  • MVP o desarrollo a la medida: $60,000 – $100,000 MXN
  • Mantenimiento y evolución: desde $15,000 MXN mensuales
  • Diagnóstico inicial: sin costo

Si ese rango está lejos de lo que tenías pensado, te acabamos de ahorrar tres juntas. Lo decimos en serio y sin ánimo de presumir: hay proveedores que hacen cosas por veinte mil pesos y hay empresas para las que ese es el precio correcto. No somos esos.

Por qué publicamos el precio

Casi ninguna agencia de software publica cifras. La razón que dan es que "cada proyecto es distinto", y es cierta. La razón real es que el precio abre la conversación en desventaja.

Nosotros preferimos el problema contrario. Un rango público filtra antes de la llamada: quien sigue leyendo ya sabe en qué terreno está parado, y quien cierra la pestaña se ahorró un mes de propuestas que no iban a ninguna parte.

También nos obliga a sostenerlo. Es más difícil inflar una cotización cuando el punto de partida está escrito en tu propio sitio.

Qué estás comprando exactamente

El error más caro al cotizar software es creer que estás pagando por líneas de código. Estás pagando por cuatro cosas, y solo una de ellas es programar.

Entender el proceso antes de tocarlo

Antes de escribir nada hay que entender cómo trabaja la empresa hoy: quién captura, quién autoriza, dónde se atora, qué se resuelve por WhatsApp porque el sistema no lo permite. Esa parte no se ve en la pantalla final y es la que decide si el proyecto sirve.

Un sistema que automatiza un proceso mal definido no arregla nada. Lo vuelve más rápido y más difícil de corregir.

Construir

Aquí sí se programa. Es la parte más visible y ya no es la más cara: hoy escribir código es barato y rápido para todo el mundo, nosotros incluidos.

Justo por eso la velocidad dejó de ser un argumento de venta. Cuando cualquiera puede tener algo funcionando en dos semanas, lo que separa un sistema que aguanta tres años de uno que se cae al primer trimestre es todo lo que rodea al código.

Ponerlo en producción de verdad

La distancia entre "ya funciona en mi computadora" y "lo usa tu equipo el lunes" es donde mueren la mayoría de los desarrollos. Migrar los datos viejos, dar de alta a la gente, definir permisos, capacitar a quien lleva quince años haciéndolo de otra forma. Eso es trabajo, y es trabajo que se cobra.

Lo que pasa después

Un software a la medida no se entrega, se opera. Y esa es la parte que casi nadie cotiza.

Lo que no viene en la propuesta más barata

Dos cotizaciones pueden describir la misma pantalla y costar cuatro veces distinto. La diferencia casi nunca está en lo que el sistema hace. Está en lo que pasa cuando crece, cuando alguien intenta entrar donde no debe, y cuando falla.

Esto es lo que en Avanzia va incluido y no se negocia:

Seguridad, desde la primera tabla

  • Cada tabla nace con sus permisos activados. Sin excepciones y sin "luego lo cerramos". Un usuario solo alcanza los datos que le tocan, y eso se valida en la base, no en la pantalla.
  • Ninguna llave o contraseña vive en el código. Se guardan en un almacén de secretos aparte, para que un repositorio filtrado no sea una brecha.
  • Todo lo que llega del usuario se valida en el servidor. Validar solo en el navegador es una cortesía para el usuario honesto, no un control.
  • Revisión de vulnerabilidades antes de cada salida a producción, y cero pendientes críticos en lo que llega al usuario final.

Un sistema mal cerrado no da señales. Funciona perfecto hasta el día que no.

Confiabilidad, que es distinto de "no falla"

Todo sistema falla. Lo que se compra es qué tan rápido te enteras y qué tan rápido se corrige.

  • Cada cambio a la base de datos queda versionado en el repositorio, no aplicado a mano en producción. Se puede saber qué cambió, cuándo y por qué.
  • Se prueba antes de publicar, no después de que el cliente reporta.
  • Los respaldos existen y se verifican. Un respaldo que nunca se restauró es una hipótesis.

Escalabilidad, medida en tu tercer año

Es fácil hacer que algo funcione con mil registros y tres usuarios. El diseño se nota cuando abres la segunda sucursal, cuando el catálogo pasa de cien a veinte mil productos, o cuando el equipo se duplica.

Por eso separamos desde el principio la lógica del negocio de la interfaz por donde entra. En el bot que opera uno de nuestros clientes, por ejemplo, el cerebro no sabe de canales: WhatsApp, la web o Instagram solo traducen mensajes de entrada y salida. Agregar un canal nuevo no obliga a reescribir nada.

Esa decisión no se ve el día de la entrega. Se cobra sola el año dos.

Calidad que se puede auditar

Tipado estricto, revisión de código antes de integrar, y pruebas automatizadas de los caminos que mueven dinero. No porque quede bonito, sino porque es lo que permite cambiar un sistema en producción sin rezar.

La pregunta correcta para cualquier proveedor —incluidos nosotros— no es qué tan rápido lo entrega. Es qué tan tranquilo estás de tocarlo seis meses después.

El mantenimiento no es un extra

Cuando alguien nos pregunta por qué el mantenimiento arranca en $15,000 al mes, la respuesta más corta es: porque el software que no se mantiene se muere, y se muere justo cuando ya dependes de él.

Lo que cubre ese retainer no es "por si algo falla". Es:

  • Actualizaciones de seguridad. Las dependencias que usa tu sistema publican vulnerabilidades cada semana. Alguien tiene que revisarlas y aplicarlas.
  • Cambios del negocio. Abriste sucursal, cambió el flujo de autorización, el SAT modificó algo. El sistema tiene que seguirte.
  • Los datos crecen. Lo que respondía en medio segundo con mil registros se arrastra con cien mil. Eso se corrige, no se aguanta.
  • Integraciones que se rompen solas. Un proveedor cambia su API, un token expira a los sesenta días. El sistema deja de hablar con el mundo sin que nadie toque nada.
  • Que alguien conteste. Cuando algo falla un martes a las nueve de la mañana, la diferencia entre media hora y tres días es el retainer.

Un proyecto entregado sin mantenimiento se ve más barato en la propuesta y sale más caro al año. Lo hemos visto en sistemas que heredamos: lo que nos contratan a rescatar suele costar más que haberlo mantenido desde el principio.

Cuándo NO te conviene un software a la medida

Esta es la sección que nos ha quitado proyectos, y la dejamos porque nos ha traído mejores.

Cuando ya existe algo que lo hace

Si tu necesidad es facturar, llevar contabilidad, mandar campañas de correo o vender en línea, hay productos maduros que cuestan una fracción y llevan diez años puliéndose. Mandar a construir tu propio sistema de facturación es pagar por reinventar algo que ya funciona.

La pregunta útil no es "¿puedo hacerlo a la medida?" sino "¿qué parte de mi operación es tan mía que ningún producto la contempla?". Esa parte sí vale la pena construirla, y normalmente toma la forma de un sistema de gestión a la medida, un ERP o un CRM montado alrededor de cómo trabajas hoy.

Cuando el proceso todavía no existe

Si el flujo de trabajo cambia cada mes porque el negocio está buscando su forma, un sistema a la medida lo congela demasiado pronto. Primero se estabiliza el proceso, aunque sea en hojas de cálculo. Después se automatiza.

Cuando el presupuesto real es otro

Si el número que tienes disponible es veinte o treinta mil pesos, un desarrollo a la medida no te va a alcanzar y nadie te hace un favor fingiendo que sí. Lo que suele pasar es que el proyecto se entrega a medias, se queda sin mantenimiento y a los ocho meses estás peor que al principio, ahora con datos atrapados en un sistema que nadie puede tocar.

Hay caminos intermedios reales: automatizar una parte del proceso, conectar herramientas que ya pagas, o empezar por el módulo que más duele. Eso sí se puede hacer con menos.

La cuenta contra un producto de renta

La comparación honesta no es "a la medida contra SaaS". Es a tres años y con todos los números arriba de la mesa.

Un producto de renta cobra por usuario y por mes. Cinco usuarios a mil pesos son sesenta mil al año, y ese número crece cuando crece tu equipo. A tres años, con quince usuarios, ya vas en cifras parecidas a un desarrollo propio, pero sin ser dueño de nada.

A la medida invierte casi todo al principio y después baja a mantenimiento. Es dueño del código y de los datos, y cada cambio que pides es una decisión tuya, no una petición al roadmap de un proveedor en otro país.

Dicho eso, el SaaS gana claramente en dos escenarios: cuando tu proceso es estándar y cuando necesitas algo funcionando esta semana. Ninguna de esas dos cosas es mala.

Cómo llegamos al número

Nuestro proceso es el mismo desde el primer proyecto: Escuchamos, Definimos, Desarrollamos, Expandimos.

El diagnóstico no se cobra y no es una llamada de ventas disfrazada. Salimos de ahí con tres cosas escritas: qué problema resuelve el sistema, qué NO va a resolver en la primera versión, y cuánto cuesta. Si en esa conversación concluimos que no necesitas un desarrollo, te lo decimos ahí mismo.

De ahí sale un alcance cerrado. No cotizamos por hora, porque cobrar por hora premia tardarse.

¿Cuánto tarda?

Un MVP —la primera versión que ya usa gente real— toma entre cuatro y ocho semanas desde que cerramos el alcance. Un sistema con varios módulos, integraciones y migración de datos históricos se va a entre tres y seis meses.

Lo que mueve ese número casi nunca es la programación. Es la disponibilidad de quien conoce el proceso del lado del cliente, y qué tan limpios están los datos que hay que migrar.

Podríamos entregar antes. No lo hacemos porque las semanas que se recortan siempre salen del mismo lugar: las pruebas, los permisos y la migración de datos. Es decir, de lo que sostiene el sistema cuando ya nadie está mirando.

Si alguien te promete un sistema completo en dos semanas, lo que vas a recibir es una demo bonita sin la parte de producción. Esa demo la puede hacer cualquiera hoy; sostenerla tres años, no.

Preguntas frecuentes

¿El código es mío?

Sí. El código y los datos son de la empresa que paga el desarrollo, y se entregan en su propio repositorio. No trabajamos con esquemas donde el cliente queda amarrado al proveedor para poder tocar su propio sistema.

¿Qué pasa si dejamos de trabajar juntos?

Te quedas con todo: repositorio, base de datos, documentación y accesos. Ese es justamente el punto de que sea a la medida.

¿Puedo empezar con algo más chico y crecerlo?

Es lo que recomendamos casi siempre. Se arranca por el módulo que más duele, se pone en producción, y se crece con lo que aprendiste usándolo. Sale mejor que definir en papel un sistema completo que nadie ha probado.

¿Trabajan con empresas fuera de Puebla?

Sí. Buena parte de nuestros proyectos son remotos, dentro y fuera de México.

¿El mantenimiento es obligatorio?

No es obligatorio, pero no entregamos un sistema fingiendo que no lo necesita. Si prefieres mantenerlo con tu propio equipo, te lo dejamos documentado para que puedan hacerlo.

¿Qué necesito tener listo antes de la primera llamada?

Nada preparado. Ayuda mucho que venga alguien que haga el proceso todos los días, no solo quien lo dirige.

Una última cosa sobre el precio

El rango de arriba no es una lista de tarifas, es un filtro. Trabajamos con empresas que ya tienen operación, que pierden dinero medible en un proceso manual y que pueden sostener el sistema después de la entrega.

Y el precio no compra rapidez. Compra que el sistema aguante cuando crezca, que los datos de tu empresa estén cerrados de verdad, y que dentro de dos años se le pueda cambiar algo sin miedo. Eso cuesta más de escribir y cuesta mucho menos de mantener.

Si eso te describe, la conversación vale la pena aunque no nos contrates. Si no, preferimos decírtelo hoy y no en la junta cuatro.

De idea a producción, sin la rigidez de una consultora.

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